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En esta superficie se encontraba una vivienda de campo sin mayor valor arquitectónico, de construcción humilde y en estado de deterioro; sin embargo, su emplazamiento década tras década, había convertido en un maduro paraje vegetal a su más cercano perímetro, con especies de árboles monumentales que encantaron el sector. La propiedad es extensa pero el requerimiento de los propietarios del proyecto fue construir la Casa El Vergel, con sus nuevas necesidades modernas, en la exacta implantación de la vivienda precedente que tendría que ser demolida. Esta situación resultó ser el reto y principal virtud del proceso de diseño, pues tuvo que acondicionar su emplazamiento con respeto de toda la naturaleza. La implantación de la nueva estructura arquitectónica requirió talar un solo árbol de mango, cuya raíz fue recuperada y ubicada en el interior de la vivienda como escultura y homenaje a la vegetación.